Caldas de Reis abre una nueva etapa educativa con la reinauguración de uno de los mayores proyectos de modernización escolar ejecutados en Galicia en los últimos años
La mañana transcurrió entre aulas luminosas, espacios abiertos al aprendizaje y la ilusión compartida de quienes saben que la educación siempre es una inversión a largo plazo. El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, acompañado por el conselleiro de Educación, Román Rodríguez, autoridades provinciales y locales, así como por el equipo directivo y docente del IES Plurilingüe Aquis Celenis, visitó este jueves las renovadas instalaciones del centro tras la finalización de las obras de ampliación y rehabilitación integral.

Con cerca de 400 alumnos de ESO y Bachillerato, el instituto afronta ahora una nueva etapa después de una actuación que ha supuesto una inversión final de 5,99 millones de euros, convirtiéndose en una de las intervenciones educativas más importantes realizadas recientemente en Galicia.
Situado en un entorno singular, junto a la emblemática carballeira de Caldas y a escasos metros del río Umia, el centro presentaba importantes limitaciones derivadas de sus casi cuatro décadas de antigüedad. La comunidad educativa llevaba años reclamando una modernización que permitiera adaptar las instalaciones a las necesidades actuales de enseñanza y aprendizaje.
Un edificio que crece con sus estudiantes
Durante la visita, el alcalde de Caldas de Reis, Jacobo Pérez, destacó el valor simbólico y social de la actuación.
“Más allá de los casi seis millones de euros invertidos en esta obra, estamos invirtiendo en el futuro. Todo lo que se invierte en educación se traduce en más oportunidades, en más justicia y en una mejor calidad de vida para las generaciones presentes y futuras”.

El regidor subrayó además la importancia de que las administraciones autonómicas hayan respaldado un proyecto de esta envergadura para la villa termal y para toda la comarca.
La ampliación permitió incrementar la superficie construida en más de 2.000 metros cuadrados, pasando de aproximadamente 4.500 a cerca de 6.500 metros cuadrados. Para ello se añadió una nueva planta al bloque sur y se reorganizaron completamente los espacios interiores.
El resultado son nuevas aulas, espacios polivalentes, una biblioteca concebida bajo los criterios de la nueva arquitectura pedagógica y un gimnasio completamente renovado, además de un porche cubierto que permitirá al alumnado disfrutar de actividades al aire libre incluso durante los frecuentes días de lluvia.
Una obra compleja sin detener la actividad educativa
Uno de los aspectos más destacados de la actuación fue la complejidad de su ejecución.
La subdirectora general de Construcciones y Equipamiento de la Consellería de Educación, Rosa María Soñora Luna, explicó que los trabajos se desarrollaron mientras el centro continuaba funcionando con normalidad.
“Fue necesario reorganizar completamente la actividad educativa. Hubo que habilitar aulas prefabricadas, reubicar espacios y trasladar alumnado mientras se desarrollaban las obras”, señaló.
El reto era considerable. Durante años el instituto había ido adaptando cualquier espacio disponible para responder al crecimiento del alumnado. Antiguos porches y zonas comunes acabaron transformándose en aulas improvisadas. La reforma permitió recuperar esos espacios y dotar al centro de una organización más funcional y acorde con los modelos educativos actuales.
Más eficiente, más seguro y mejor conectado
La actuación fue mucho más allá de una simple ampliación.
Toda la envolvente del edificio fue renovada mediante un sistema de aislamiento térmico exterior (SATE), se instalaron nuevas cubiertas, se sustituyeron centenares de ventanas y puertas y se modernizaron las instalaciones de telecomunicaciones, calefacción y fontanería.
También se adaptó el centro a las normativas actuales de seguridad contra incendios, incorporando nuevas escaleras de evacuación, compartimentaciones y puertas cortafuegos.
En materia energética, el instituto cuenta ahora con una mejora significativa de su eficiencia gracias a la renovación integral de la envolvente térmica y a la instalación de paneles fotovoltaicos.
Espacios para aprender de otra manera
Uno de los elementos que más llamó la atención durante el recorrido fue la nueva aula de Polos Creativos, concebida para fomentar la innovación tecnológica, la robótica, la programación y el trabajo colaborativo.

Entre impresoras 3D, componentes electrónicos, kits educativos y experiencias de realidad virtual, los estudiantes mostraron algunos de los proyectos que desarrollan en este espacio diseñado para impulsar las competencias tecnológicas del alumnado.
Las nuevas instalaciones reflejan la filosofía del Plan de Nueva Arquitectura Pedagógica de la Xunta, que apuesta por espacios flexibles, conectados con el entorno y capaces de adaptarse a diferentes metodologías educativas.
La mirada puesta en la Formación Profesional
Durante su intervención, el conselleiro de Educación, Román Rodríguez, avanzó además una posibilidad que ilusiona especialmente a la comunidad educativa.
El responsable autonómico confirmó que la Consellería trabaja para que el centro pueda incorporar en el futuro ciclos de Formación Profesional.
“Tenemos nuevos espacios y queremos estudiar la implantación de alguna oferta de FP que responda a las necesidades de la comarca y del tejido productivo”, explicó.
Rodríguez recordó que la Formación Profesional se ha convertido en una de las herramientas más eficaces para facilitar la inserción laboral de los jóvenes y proporcionar a las empresas profesionales cualificados.
Una jornada de celebración
La visita institucional tuvo también momentos más distendidos. Entre ellos, una partida improvisada de tenis de mesa y encuentros con alumnos y profesores que pudieron mostrar de primera mano el resultado de años de trabajo y espera.
Las sonrisas de los estudiantes recorriendo las nuevas aulas, la curiosidad ante los espacios tecnológicos y la satisfacción visible en el equipo docente fueron quizá la mejor fotografía de una jornada que simboliza mucho más que una obra terminada.

Porque detrás de los metros cuadrados ganados, de las nuevas ventanas o de las mejoras energéticas, hay algo más difícil de medir: la oportunidad de que varias generaciones de jóvenes estudien en mejores condiciones.
Y ese, como recordó el alcalde de Caldas, es probablemente el mejor legado que puede dejar una inversión pública.





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