La tortilla de patatas es, sin lugar a dudas, uno de los platos más queridos de nuestra gastronomía. Está presente en todas las casas, en bares, en celebraciones y hasta en los picnics improvisados. Con cebolla o sin cebolla —esa eterna discusión nacional— lo cierto es que siempre sabe a hogar, a tradición y a reunión.
Pero, ¿qué ocurre cuando nos sobra un trozo de tortilla y pasa la noche en la nevera? A veces está más seca de lo que nos gustaría o simplemente buscamos una forma distinta de disfrutarla. Aquí entra en juego la cocina de aprovechamiento, tan humilde como creativa, que nos ofrece una joya poco conocida: la tortilla guisada.
Este plato recupera la jugosidad de la tortilla al cocinarla lentamente en una salsa llena de sabor. Los trozos absorben el caldo, se impregnan de los aromas de las verduras y vuelven a convertirse en un manjar reconfortante, perfecto para esos días en los que apetece algo casero y sabroso.
Ingredientes sencillos, sabor garantizado
- Sobras de tortilla de patatas (o una recién hecha)
- 1 cebolla grande
- 2-3 dientes de ajo
- 1 pimiento verde
- 1 pimiento rojo
- 400 g de tomate triturado (o 2 tomates grandes rallados)
- 1 cucharadita de pimentón dulce
- 1 hoja de laurel
- Caldo de verduras o de carne (200-300 ml)
- Aceite de oliva virgen extra
- Sal y pimienta al gusto
Paso a paso
En una cazuela, sofreímos la cebolla con aceite de oliva hasta que esté transparente. Añadimos los pimientos y el ajo, dejamos que se ablanden, y luego incorporamos el tomate, el pimentón y el laurel. Tras unos minutos de cocción, colocamos los trozos de tortilla en la salsa y cubrimos con caldo. A fuego lento y tapado, la tortilla se transforma en un guiso tierno y jugoso en apenas 15 minutos.
El resultado es irresistible: una salsa espesa y sabrosa que pide a gritos un buen trozo de pan. Y si hablamos de pan, nada como el tradicional pan de manteca de Caldas, perfecto para mojar sin parar.
La tortilla guisada no solo aprovecha lo que ya tenemos en casa, sino que convierte un plato de siempre en una experiencia nueva, capaz de sorprender a la mesa familiar o a los amigos en una comida improvisada. Porque la cocina, al final, también es eso: dar nueva vida a lo que amamos y compartirlo con quienes queremos.
Por Coque Fariña.






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