El tapiz no entiende de nervios, pero los siente. Este fin de semana, en Plasencia, cada combate fue una prueba de carácter, de constancia y de todo lo que no se ve en los entrenamientos diarios. Hasta allí se desplazó el Club Número Phi de Caldas de Reis, representando a la Federación Galega de Taekwondo, con la ilusión intacta y la determinación de seguir creciendo.

Entre el silencio previo a cada combate y el estallido de aplausos tras cada punto, destacó un nombre propio: Bruno García. Su camino en el Open de Plasencia tuvo un inicio inesperado, al no disputarse su primer combate, pero lejos de desconectarse, supo mantenerse concentrado. En la final, con el pulso firme y la mirada fija, demostró su preparación y se impuso con autoridad, conquistando el oro y subiendo a lo más alto del podio. Una victoria que no solo mide puntos, sino horas de esfuerzo, disciplina y confianza.

También dejó huella Alejandro Quintela, que firmó una actuación sólida y valiente. Ganó su primer combate con determinación, mostrando seguridad en cada acción. En la siguiente ronda, cayó tras una pelea muy igualada, de esas que se deciden en pequeños detalles, pero que reflejan el crecimiento de un deportista que sigue avanzando paso a paso en su trayectoria competitiva.

Más allá de las medallas, el Open de Plasencia volvió a ser un escenario de aprendizaje para los deportistas del club caldense. Cada desplazamiento, cada rival y cada combate forman parte de un proceso que va mucho más allá del resultado inmediato. Es ahí donde se construyen los verdaderos cimientos del deporte: la resiliencia, el respeto y la capacidad de superarse.

Desde el Club Número Phi lo tienen claro. Competiciones como esta son fundamentales para seguir evolucionando en el tapiz, para poner a prueba lo entrenado y para reforzar una idea que define al equipo desde sus inicios: primero personas, después campeones. Porque detrás de cada medalla hay una historia, y este fin de semana, en Plasencia, volvió a escribirse una más.

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