Por Fabiana Mattos – Psicoanalista clínica y formadora certificada en Portugal.

Cuando terminan las fiestas y desaparecen los adornos, la vida retoma su curso.
Y casi siempre, ese regreso pesa más sobre las mujeres.
La organización de la casa, la planificación de las comidas, el cuidado de los gustos de cada persona, las cantidades, y, finalmente, la limpieza después de que todo acaba. Para muchas mujeres, el supuesto “descanso” de fin de año es una ilusión: simplemente no ocurre.
Aun así, ese periodo suele traer momentos agradables. Reencuentros familiares, paseos, risas, conversaciones. Todo eso alimenta la esperanza de que el nuevo año será mejor. El problema aparece con más claridad cuando la rutina vuelve a imponerse.
Aunque muchas mujeres realicen sus rituales de fin de año —dejando simbólicamente atrás lo que no fue bueno y haciendo promesas de renovación—, la realidad no siempre acompaña ese deseo. Con el regreso a la rutina, reaparecen también, de forma casi invisible, las exigencias emocionales.
Vuelve el peso de las responsabilidades, todo lo que quedó pendiente por las fiestas y, además, las nuevas demandas del inicio del año. Y hay algo todavía más duro: cuando una mujer se permite disfrutar de las celebraciones y después se culpa por haber hecho una pausa, enfrentándose a tareas acumuladas que “ya deberían estar hechas”.
Incluso aquellas que planearon empezar el año con la casa impecable, el armario renovado y todo organizado, pero no lo lograron, sienten que el año comienza cuesta arriba, como si ya estuvieran fallando antes de empezar.
Mujer, no seas tan dura contigo.
Sea cual sea la promesa que hiciste al final del año pasado o al comenzar este, siempre estás a tiempo de hacer lo que necesitas.
Si lo que deseas es limpiar la casa para sentir el ambiente renovado, hazlo hoy.
Si quieres deshacerte de la ropa que ya no usas, puedes hacerlo el sábado.
Si necesitas organizar documentos, conviértelo en un momento posible: una tarde tranquila, una copa de vino y música de fondo.
No te aferres a las fechas.
Las fechas son simbólicas, pero lo que te hace bien puede hacerse cualquier día. El efecto emocional es el mismo.
Además de cumplir tus deseos a tu propio ritmo, es fundamental cuidar de la mujer que estás llevando contigo hacia 2026. Cuestiona esa forma de pensar que exige que estés siempre funcionando. Ese patrón hace que las tareas avancen, pero que tú te quedes atrás, olvidada de ti misma.
Ahora lo más importante es hacer pequeños ajustes allí donde sabes que necesitas cambiar, para no repetir los mismos patrones. Eso significa evitar volver a situaciones insalubres que marcaron el año anterior.
Muchas mujeres no tienen apoyo, no cuentan con una red que las sostenga y deben encargarse de todo solas. Por eso, es aún más necesario introducir en la rutina algo más ligero, algo que permita respirar.
Mirarte a ti misma es dar valor a tu propio año.
Es asegurarte de que, cuando llegue el final de 2026, puedas reconocer que diste al menos un paso más en tu relación contigo misma.
No se trata solo de evitar el agotamiento y el estrés.
Se trata de vivir lo que es bueno para ti.
De realizar tus sueños, conquistar lo que deseas y sentirte bien con tu vida.
Y para ayudarte a ordenar las ideas y salir, poco a poco, de patrones que te desgastan, aquí van algunas preguntas:
¿Qué ha vuelto a mi rutina sin que yo pudiera elegirlo? ¿En qué momentos me coloco siempre en último lugar? ¿Qué pequeño límite puedo empezar a poner esta semana?
Recuerda:
Poner límites no es romper.
Poner límites es ajustar.
Es supervivencia emocional.
La rutina no es el problema.
El problema es cuando exige que la mujer desaparezca para que todo funcione.
Volver al día a día con más conciencia es un acto silencioso de resistencia.
No para hacer menos, sino para no perderte de nuevo.





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