Mujer en Voz Alta – Por Fabiana Mattos
Psicanalista Clínica e Formadora Certificada em Portugal

El final de año, para muchas mujeres, tiene un significado especial de cierre de ciclo: el año que termina y la preparación para uno nuevo que comienza. Es un ritual profundamente importante y, aunque muchas personas no le den valor, los rituales marcan una gran diferencia en la manera en que nos posicionamos ante las situaciones de la vida.
Permitirse estos rituales es saludable y constructivo, porque sostienen nuestros logros y fortalecen la energía de cambio necesaria para transformar la propia historia. Por eso, hoy reflexionamos sobre este proceso, con el objetivo de ayudarte a iniciar 2026 de forma más consciente, íntegra y decidida.
El primer paso es mirar hacia atrás. Este punto suele generar resistencia en muchas mujeres que, por miedo a enfrentarse a lo vivido, prefieren creer que el pasado no debe revisarse y que lo único importante es seguir adelante. Y sí, es fundamental mirar al futuro mientras avanzamos, pero no podemos ignorar lo que dejamos atrás. Todo lo que vivimos se convierte en equipaje que cargamos a la espalda.
Saber qué merece ser llevado al futuro y qué necesita quedarse atrás es esencial para aligerar esa carga y poder llegar más lejos. Por eso, te invito a hacerte algunas preguntas:
¿qué fue lo que más me dolió en 2025?
¿qué pesó en mi camino?
¿qué situaciones se repitieron y no quiero que vuelvan a repetirse?
¿cuáles fueron mis victorias y a quién atribuyo esos logros?
Revisar el año que termina es clave para evaluar nuestras elecciones y experiencias, aprender de ellas sin culpa y reconocer las autoexigencias que nos acompañaron, entendiendo por qué surgieron. También nos permite observar cómo dirigimos nuestras acciones en 2025 y qué resultados obtuvimos a partir de ellas.
Este análisis favorece la comprensión de los cambios que deben realizarse en nuestras decisiones, elecciones y actitudes, para poder recoger mejores frutos en 2026.
Otro aspecto fundamental, estrechamente vinculado a esta revisión, son los patrones que repetimos y los resultados que estos han generado en nuestra vida. Los patrones necesitan ser observados para comprender por qué se repiten y de dónde provienen. Resignificarlos es esencial para no volver a reproducirlos en el nuevo año.
Reflexionar sobre el año que se va nos ofrece una visión más amplia de nuestra vida y la fuerza necesaria para soltar aquello que es conocido, pero duele. Solo así podemos avanzar con mayor ligereza, con un autocuidado real y con la energía necesaria para renacer con más vitalidad, amor propio, salud física y mental, y bienestar emocional.
Abandonar lo que necesita ser abandonado es abrir espacio para que lo nuevo llegue: ese nuevo que deseas, que te hace bien, que te devuelve la sensación de estar viva. Todas queremos una vida mejor y cambios positivos, incluso cuando, en muchos casos, la mujer siente que no tiene fuerzas porque el sufrimiento se ha vuelto crónico, o cuando cree que no es posible. Aun así, el deseo permanece.
Da un paso a la vez. Analiza tu pasado, trabaja aquello que necesita ser sanado, reorganiza el sentido que le diste a tu historia y permítete vivir lo diferente —y lo mejor— en 2026. No solo puedes hacerlo, sino que debes hacerlo.
El 2026 ya está aquí, llamando a la puerta. Recíbelo con amor, cuidado y acogida, con la casa limpia, para que el encuentro con el nuevo año sea más saludable y para que puedas vivir experiencias que queden en tu mente y en tu corazón como algunas de las mejores de tu vida.
Que en 2026 no tengas que empequeñecerte para encajar, ni endurecerte para sobrevivir. Que te elijas, te respetes y te permitas vivir el mejor año de tu vida: entera, consciente y en paz contigo misma.






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