Fabiana Mattos – Psicoanalista clínica y formadora certificada en Portugal. 

Una de las principales razones que mantienen a una mujer atrapada en una relación abusiva es la dependencia económica. La dependencia emocional también encarcela, pero la financiera provoca que muchas mujeres, incluso siendo conscientes de que necesitan salir de esa relación, permanezcan en ella sin opciones reales para salvarse. Por eso, es fundamental alertar sobre la importancia de la independencia económica como base de la libertad femenina.

No es lo mismo compartir la vida con alguien que te cuida, celebra tus logros y desea tu bienestar, que permanecer al lado de quien te humilla, ejerce violencia psicológica o física, no corresponde a tus esfuerzos, no participa en las tareas domésticas y te critica constantemente. Una relación que pesa y daña no sostiene a nadie. En esos casos, lo más saludable es tomar distancia.

Y es precisamente ahí donde, muchas veces, surge un problema aún mayor. Aparece la pregunta que paraliza: ¿Adónde voy? ¿Cómo voy a vivir sola? No tengo dinero ni para mí, mucho menos para cuidar de mis hijos. A partir de este pensamiento, muchas mujeres terminan aceptando esa vida y permanecen atrapadas durante años. No es casualidad: el hombre que actúa de este modo suele hacer todo lo posible para mantenerla dependiente y sin libertad. Así ejerce el control y la mantiene prisionera de su propia vida.

Trabajar, tener un salario y contar con ingresos propios —aunque la pareja tenga condiciones para “mantener” el hogar— no es una frivolidad. Es libertad. Esa libertad que puede resultar imprescindible en algún momento. Disponer de dinero propio permite a la mujer tomar decisiones más seguras, posicionarse con firmeza cuando es necesario, mejorar sus elecciones y, también, elegir mejor sus relaciones afectivas.

Existe una herencia histórica en la que la mujer no podía decidir por sí misma. Siempre necesitaba la aprobación de quien pagaba las cuentas y garantizaba el sustento familiar. Durante mucho tiempo, esto le arrebató el derecho a tener voz. Y también en este aspecto la independencia económica marca la diferencia.

Cuando una mujer tiene un trabajo digno y remunerado, se siente más igual, no percibe que se queda atrás, y su manera de enfrentarse a la vida cambia profundamente. Se fortalece y comienza a conducir su propia historia con mayor autonomía, tomando decisiones alineadas con lo que le hace bien. Sin embargo, conviene lanzar una señal de alerta: muchas mujeres han conquistado la independencia económica, pero aquellas que tienen familia han acumulado, a cambio, problemas de salud derivados de la sobrecarga —un tema que ya hemos abordado en este espacio.

La independencia económica puede traer libertad, pero también puede generar agotamiento y exceso. Esto ocurre porque muchas responsabilidades siguen recayendo sobre las mujeres, incluso cuando ellas trabajan fuera de casa y contribuyen económicamente. Los desafíos de la doble jornada son enormes, a los que se suman la desigualdad salarial y la sobrecarga invisible.

Ser económicamente independiente es necesario y, sin duda, fortalece la autonomía femenina. Pero nunca te olvides de ti misma. Utiliza esa independencia también para disfrutar de lo que conquistas. Tener tiempo propio, organizar tu vida y cuidarte con cariño no es un lujo, es lo mínimo. La vida puede conducirse de manera ligera y eficaz, independiente y poderosa. Encontrar el equilibrio entre trabajo, bienestar y libertad es un derecho que te pertenece.

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