El olor de la comida que se extiende por la casa, las luces que parpadean en las ventanas, el sonido lejano de canciones conocidas y el calendario marcando el final de otro año. La Navidad llega casi siempre así, envuelta en hábitos que se repiten, en gestos automáticos y en expectativas que mezclan alegría, nostalgia y esperanza. En medio de ese escenario, permanece una pregunta silenciosa: ¿qué es, al fin y al cabo, lo que se está celebrando?

Para el pastor Leandro Barberá, la respuesta comienza en el sentido más simple y, a la vez, más profundo de la palabra Navidad. «Navidad significa nacimiento. Y ese nacimiento es el de Jesucristo», afirma. Para él, la fecha no es solo un recuerdo histórico, sino una llamada espiritual. Celebrar la Navidad es traer a la memoria el momento en que, según la fe cristiana, Dios entró en la historia humana. Sin ese punto de partida, sostiene, todo lo demás pierde su eje. Las luces siguen encendidas, los encuentros tienen lugar, pero el sentido se diluye.

Arquivo Personal: Pastor Leandro Barberá

Esta percepción ayuda a comprender por qué, para los cristianos, Jesús ocupa el centro de la celebración. No se trata de una tradición vacía ni de una resistencia cultural, sino de identidad. «Sin Él, la Iglesia cristiana no existiría», resume el pastor. El nacimiento de Cristo no se ve únicamente como un acontecimiento del pasado, sino como la base viva de la fe, aquello que sostiene la existencia misma de la Iglesia.

Aun así, la Navidad moderna está atravesada por símbolos que no siempre dialogan directamente con ese origen. Papá Noel, escaparates decorados, listas de regalos y campañas comerciales forman parte del paisaje. Para el pastor Leandro, estos elementos no necesitan ser rechazados, siempre que no sustituyan lo esencial. El personaje del buen anciano, explica, es solo una figura cultural. En cambio, el intercambio de regalos puede encerrar un significado más profundo: aprender a preocuparse por el otro, ejercitar la generosidad y recordar que el acto de dar no debería estar limitado a una fecha concreta. Recuerda que, en el relato bíblico, hombres sabios recorrieron largas distancias para ofrecer regalos a Jesús. El gesto, sin embargo, nunca tuvo como objetivo apartar la mirada del niño, sino reconocerlo.

Esa misma tensión entre cultura, tradición y fe se repite en todos los países de tradición cristiana. Aquí, en Galicia, una región marcada por una fuerte identidad histórica y religiosa, la Navidad se vive entre costumbres familiares bien definidas y una religiosidad cada vez más silenciosa. Iago Enciso describe celebraciones en casa, con la familia reunida, ropa elegida con cuidado y una mesa que arrastra siglos de tradición. En la noche de Navidad, el bacalao con coliflor comparte protagonismo con mariscos como vieiras, camarones y centollo. Los dulces típicos —turrones, polvorones— ponen el broche final a la cena. Antes de sentarse a la mesa, la familia sigue por televisión el tradicional mensaje navideño del rey de España, un ritual que se repite año tras año.

Detrás de esta riqueza cultural, sin embargo, Iago reconoce un distanciamiento creciente del significado cristiano de la fecha. En una familia católica no practicante, la fe en Jesús aparece de forma discreta, casi diluida. «La verdadera esencia del nacimiento del Mesías ha quedado eclipsada por las comidas, los regalos, la fiesta», relata. Para él y su esposa, que mantienen la fe de manera más consciente, hablar abiertamente del sentido cristiano de la Navidad no siempre resulta sencillo. En algunos contextos, explicar el nacimiento de Jesús a los niños de la familia puede interpretarse como una imposición, lo que les lleva a optar por conversaciones reservadas, lejos de tensiones.

Galicia, curiosamente, guarda una profunda vinculación histórica con el cristianismo. Según la tradición, el apóstol Santiago habría pasado por la región en el siglo I, y su tumba, en Santiago de Compostela, se convirtió en uno de los mayores destinos de peregrinación del mundo cristiano. El Camino de Santiago, recorrido aún hoy por personas de distintos países, creencias y motivaciones, simboliza una búsqueda que atraviesa generaciones: el intento de encontrar sentido, propósito y dirección. En el tiempo de Navidad, esa búsqueda parece intensificarse, como si la memoria del nacimiento de Cristo resonara en los pasos de quienes caminan.

En tiempos marcados por crisis sociales, conflictos e incertidumbres, la Navidad reaparece como una pausa necesaria. Para el pastor Leandro, el mensaje central de la fecha es la esperanza. La fe cristiana anuncia reconciliación, paz y la posibilidad de un futuro diferente, incluso cuando la realidad se muestra dura. Esta esperanza no ignora los desafíos, pero ofrece un punto de apoyo para atravesarlos.

Vivir el espíritu de la Navidad, según él, no se limita a un día ni a una celebración concreta. Se expresa en la manera de amar a Dios y al prójimo, en las decisiones cotidianas, en los gestos que construyen o hieren. La pregunta que queda, dice el pastor, no es solo qué regalo ofreció Dios a la humanidad, sino qué respuesta da cada persona a ese regalo con su propia vida.

Tal vez ese sea el llamado más profundo de esta fecha: permitir que la Navidad no termine cuando se apagan las luces, sino que continúe en la forma de vivir, de acoger y de cuidar al otro. En Caldas de Reis, en Galicia, y en cada hogar que aún se pregunta por el verdadero significado de esta celebración, la Navidad sigue siendo menos un punto de llegada y más una llamada —discreta, persistente y actual— a reencontrar, en el nacimiento de Cristo, el sentido que ilumina todos los demás días del año.

Arquivo: Iglesia Batista Santiago de Compostela

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