En Caldas de Reis, donde el agua termal brota con la misma constancia que las historias de quienes pasan, el inglés se ha ido incorporando poco a poco a la vida cotidiana. No surge como una imposición académica, sino como una respuesta natural a un mundo cada vez más interconectado. Así lo reflexiona el profesor António, docente de la Academia YES, al hablar del papel que ocupa el idioma en la Galicia actual.

Hablar de inglés hoy es hablar de globalización, pero también de lo cercano. Viajar, trabajar o simplemente comunicarse con quienes llegan de fuera forma parte del día a día de muchas personas. En una tierra históricamente marcada por la emigración, el aprendizaje de idiomas siempre ha sido una forma de prepararse para lo desconocido. A esta memoria colectiva se suma ahora la presencia constante de visitantes y peregrinos, que convierte la comunicación en una necesidad real y no solo teórica.

Esta realidad se refleja en las aulas. El alumnado llega con motivaciones diversas, que a menudo se entrelazan: certificar un nivel para ampliar oportunidades laborales, mejorar la posición profesional o ganar seguridad para desenvolverse en otros países. El inglés aparece como un aliado que acompaña decisiones importantes de la vida. En este proceso, la escuela prepara tanto a quienes buscan títulos oficiales reconocidos por instituciones como Cambridge English, como a quienes desean simplemente comunicarse con mayor naturalidad en situaciones reales.

A lo largo de los años, muchos alumnos han utilizado el idioma como pasaporte para trabajar o estudiar en el extranjero, incluso en países donde el inglés no es lengua oficial, pero sí un vehículo de comunicación común. Otros lo han hecho para viajar con mayor confianza, comprender indicaciones, resolver situaciones cotidianas o disfrutar con más profundidad de la experiencia de conocer nuevos lugares. En todos los casos, el idioma deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una herramienta de integración.

Esta misma lógica se traslada al contexto local. En Caldas de Reis, la convivencia diaria con turistas y peregrinos genera intercambios sencillos pero significativos: explicar un horario, indicar un camino, atender en un comercio o en un establecimiento hostelero. Una comunicación clara, con buena pronunciación y estructuras adecuadas, contribuye a crear encuentros más humanos y memorables, tanto para quien llega como para quien acoge.

Aprender inglés, sin embargo, no está exento de retos. El profesor António señala que las dificultades varían según la edad y el nivel, aunque algunos aspectos se repiten, como la fonética o determinados tiempos verbales. Lo que más suele sorprender al alumnado es descubrir que no basta con traducir literalmente: cada idioma tiene su propia manera de pensar y de expresarse. Comprender esto forma parte esencial del aprendizaje.

La clave, insiste, está en perder el miedo a hablar. La fluidez se construye con práctica, constancia y acompañamiento. Hoy existen numerosos recursos —series, pódcasts y contenidos digitales— que facilitan el contacto diario con el idioma, pero su verdadero valor aparece cuando se integran en un proceso guiado, en el que lo humano y lo tecnológico se complementan.

La enseñanza del inglés ha cambiado con el tiempo. Frente a métodos basados casi exclusivamente en la memorización, hoy se busca un enfoque más práctico, conectado con la vida real. Leer, escribir, escuchar y hablar siguen siendo pilares fundamentales, pero siempre orientados a objetivos concretos: un examen, un viaje, una conversación, un proyecto personal o profesional.

Cuando se le pregunta si alguna vez es tarde para empezar, la respuesta es clara: nunca. En las aulas conviven jóvenes que dan sus primeros pasos con adultos que retoman el idioma tras décadas sin estudiarlo, e incluso personas ya jubiladas, movidas únicamente por la curiosidad. Aprender, en este sentido, no es solo adquirir una competencia, sino mantenerse activo y abierto al mundo.

Mirando al futuro, el profesor observa con optimismo el nivel de inglés en Galicia, que se sitúa entre los más altos del país. Un dato que invita a seguir avanzando sin perder de vista lo esencial. Porque aprender un idioma no solo mejora la empleabilidad o facilita los viajes: permite acceder a otras culturas, comprender otras historias y ampliar la propia mirada.

En definitiva, el inglés no es únicamente una herramienta profesional. Es un puente. Y en un lugar de paso como Caldas de Reis, donde los caminos se cruzan cada día, aprender a comunicarse con el otro es también una forma de crecer como persona.


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