Diciembre llega siempre así: con luces colgadas en las ventanas, mesas preparadas con cariño y un deseo casi silencioso de volver a empezar. Entre listas de compras, abrazos esperados y encuentros en familia, hay un detalle que no pasa desapercibido: las manos. Son ellas las que brindan, acogen, sirven la cena y transmiten gestos de afecto. Y, en las fiestas de fin de año, también merecen vestirse a la altura de la ocasión.

En Caldas de Reis, la manicura Sabrina Ferrari vive de cerca este ritual. En su espacio de trabajo, las historias se mezclan con el sonido suave de la lima y el brillo de los esmaltes. “En esta época, las clientas buscan algo que represente el espíritu de la Navidad y del Año Nuevo, pero que también tenga que ver con quiénes son”, cuenta.

Para la Navidad, las elecciones siguen caminos ya conocidos —y llenos de significado—. El rojo clásico, intenso y acogedor, sigue siendo el favorito. Junto a él aparecen los tonos burdeos, el verde oscuro y los detalles dorados, que evocan árboles iluminados y adornos guardados con cariño de un año para otro. “Son colores que transmiten elegancia y tradición. La Navidad pide ese equilibrio entre brillo y sobriedad”, explica Sabrina.

En los diseños, la tendencia es clara: menos exceso, más intención. Glitter discreto, efectos metalizados sutiles y pequeñas referencias navideñas aparecen como susurros, no como gritos. “Muchas clientas prefieren un toque de brillo en una sola uña. Es delicado, elegante y marca la diferencia”, dice.

Las celebraciones también influyen en las elecciones. Para cenas en familia y encuentros tradicionales, predominan los nudes sofisticados, la manicura francesa moderna y las nail arts casi imperceptibles, que combinan con cualquier look y ocasión. En cambio, para eventos formales, las manos se vuelven más atrevidas: rojo intenso, burdeos e incluso negro, siempre acompañados de detalles dorados que reflejan luz y sofisticación.

Cuando el calendario da la vuelta y se acerca la Nochevieja, el ambiente cambia. El brillo deja de ser un detalle y pasa a ser protagonista. Plateado, metalizados y glitter dominan las elecciones, como si cada uña llevara consigo un deseo silencioso para el nuevo año. “En Nochevieja, las clientas quieren luz. Quieren empezar el año brillando”, sonríe Ferrari.

Además de la estética, también está la practicidad. El esmalte semipermanente, con una duración de dos a tres semanas, es ideal para quienes quieren disfrutar de las fiestas sin preocupaciones. Las uñas de gel o acrílico pueden durar hasta cuatro semanas, siempre que se mantengan con los cuidados adecuados. “La duración depende mucho de la rutina y del cariño que cada persona tenga con sus manos”, explica.

Entre conversaciones, risas y elecciones de colores, Sabrina observa que las uñas dicen mucho más de lo que parece. “Reflejan momentos. A final de año, reflejan esperanza, celebración y el deseo de seguir adelante”.

Porque, cuando el año termina, no se despide solo en el reloj o en el calendario: también se cierra en las puntas de los dedos, listas para escribir una nueva historia.

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