El tatami todavía conserva el eco de los aplausos. Cinco medallas —una de plata y cuatro de bronce— viajan de vuelta a Galicia acompañadas de sonrisas, cansancio feliz y la sensación de haber escrito una página inolvidable para el Club Número Phi. No es solo un resultado deportivo: es el fruto de un sueño compartido por deportistas, entrenadores y familias que, durante cuatro intensos días en La Nucía, defendieron sus colores con pasión y valentía.

Un total de dieciocho competidores, acompañados por sus familias, recorrieron los kilómetros que separan Galicia del municipio alicantino para participar en el Campeonato de España de Clubes de Taekwondo, un evento que reunió a más de 2500 taekwondistas, apoyados por 100 árbitros y 450 coachs. Una verdadera fiesta del deporte, donde cada punto se celebra como un triunfo y cada combate deja lecciones para toda la vida.
Allí, entre nervios, concentración y el abrazo cálido de los suyos, nacieron las medallas que hoy llenan de orgullo al club. Candela Crespo y Mario Rebón conquistaron el bronce en la categoría precadete; Marina Castro firmó una actuación memorable logrando otro bronce en cadete; y Ekaterina Rebón brilló doblemente con bronce en Sub-21 y una merecidísima plata en Absoluto, levantando la bandera del Caldas en lo más alto.

“Es un campeonato especial para nosotros como club. Enfrentarte a lo mejor del país es muy bonito. Además, es un viaje que les aporta vivencias únicas a deportistas y familias”, reflexiona emocionada Lua Piñeiro, directora técnica y una de las almas del proyecto. Sus palabras revelan lo que se respira en el equipo: más que competidores, son una familia que crece junta en cada combate.
La responsabilidad de dirigir al grupo en el tapiz recayó sobre Arlet Ortiz, nueva incorporación al cuerpo técnico, quien asumió el rol de coach con seguridad y entrega. Su labor —destaca Piñeiro— ha sido esencial en esta edición. “Siempre queremos un poquito más, así somos. Había opciones de alguna medalla extra y el trabajo fue excelente. Con perspectiva, el equipo ha funcionado de maravilla. Ahora toca cerrar el año con lo que queda y centrarnos en los campeonatos gallegos para pelear el pase al nacional con el mayor número de deportistas posible.”
Y no hay descanso a la vista. Tras un único fin de semana libre —que aprovecharán para celebrar su comida anual de convivencia, donde las risas pesan tanto como las medallas—, el Número Phi volverá a colocarse el dobok para el Open de Ourense, puntuable para el Ranking gallego. Luego llegará el Internatural, donde las nuevas promesas del club darán sus primeros pasos competitivos con la ilusión de quienes miran al futuro sin miedo.

Porque si algo ha demostrado este equipo en La Nucía es que las medallas son solo el reflejo brillante de un trabajo silencioso, constante y lleno de corazón. Y cuando el tatami se apaga y los focos se alejan, lo que queda es una certeza: el Número Phi ya no compite solo, late unido.










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