En ocasiones, los proyectos más significativos nacen sin grandes planes, casi de puntillas. Así surgió Convide, una pequeña vinoteca asentada en Caldas de Reis que, más que un negocio, es la consecuencia natural de innumerables conversaciones entre una pareja que lleva años imaginándose un futuro común entre fogones, mesas y sobremesas.

Para Fabio, la cocina es una forma de estar en el mundo: se mueve entre ollas como quien escucha una música que los demás no perciben. Para Montserrat —quien recibe, acompaña y conversa— el comedor es un escenario cómodo, un lugar donde ver a la gente relajarse, sentirse atendida y reconocida. Después de pasar por restaurantes con estrella Michelin, ambos sintieron que había llegado el momento de construir algo propio. “Queríamos un sitio donde nuestros errores, logros e intentos fuesen realmente nuestros”, cuentan. Un espacio íntimo donde poder volcar el alma y el amor por el oficio.
Caldas, un lugar que late al mismo ritmo
La elección de Caldas de Reis tampoco fue fruto de un gran plan estratégico. Fue intuición. Energía. Ese algo difícil de describir que se percibe en los pueblos que saben acoger sin estridencias.
Les sedujo su carácter tranquilo, la mezcla de gente local con caminantes del Camino de Santiago, la vida cultural activa y un ambiente progresista y abierto. “Caldas tiene personalidad sin ser pretenciosa”, dicen. Y en esa humildad orgullosa vieron un espejo de su propia forma de entender la hostelería.
Un nombre que recuerda y transforma
El nombre Convide es un pequeño puente entre el pasado y el futuro del local. Mantiene la memoria del antiguo Convido, el negocio que abrieron sus caseros Juan (“Nito”) y Mari Carmen y que formó parte del paisaje emocional del barrio. Pero también juega con “vide”, evocando la vid, el vino, la esencia misma de la vinoteca, sin renunciar a la raíz del verbo “convidar”: invitar a compartir.
Para ellos, la mesa es un lugar de encuentro, donde se celebra lo bueno y se alivia lo malo. “Invitar no es solo compartir comida, es compartir el día”, resumen. Su Convide quiere ser exactamente eso: un refugio pequeño donde uno pueda sentarse, respirar y simplemente estar.
Una cocina que no copia Galicia: la siente
La propuesta culinaria de Fabio parte de la cocina gallega tradicional, pero no intenta replicarla; la mira con cariño, la tamiza con técnica contemporánea y la reinterpreta sin sobresaltos. Es una carta corta, centrada en el producto local y en sabores reconocibles, donde cada plato guarda un guiño personal.

La inspiración está en los ríos que cruzan la comarca, en los bosques húmedos, en las casas de piedra y en esas sobremesas largas que parecen alargar la tarde. Lo que buscan transmitir son sensaciones: la calma, la cercanía, el ritmo pausado con el que se vive aquí.
Si un plato puede contar su historia, son sus carrilleras. Una receta humilde y ancestral, cocinada durante generaciones en las cocinas de Galicia —de vaca, de cerdo, siempre a fuego lento— y que en Convide se ha convertido en símbolo. “Es ese olor que te devuelve a la infancia, a la casa de tu abuela, al calor del hogar…”, explican. Igual que ellos han ido cocinando lentamente su propio camino.
Aprender a ritmo propio
Abrir su propio proyecto les ha enseñado a ser pacientes. A asumir que no todo sale a la primera y que a veces hay que confiar en el proceso más que en el resultado inmediato. Después de años trabajando en hostelería, convertirse en jefes ha sido un salto inesperado: “El día a día es un poco caótico, muy dinámico… pero más nuestro que nunca”.
Lo más difícil es que, en un negocio pequeño, cada detalle depende de ellos. No hay red. También es lo más gratificante. Ver que alguien repite, recomienda o se queda un rato más porque se siente bien allí les recuerda por qué empezaron.
Un lugar que ya es de muchos
Cinco meses después de abrir, Convide ha ido adquiriendo un carácter propio, alimentado por la gente de Caldas, que desde el primer día los recibió con cercanía, humor y una naturalidad que les hizo sentir en casa.
En la pared del comedor, una colección de botellas firmadas por clientes funciona como un pequeño álbum de familia improvisado. No es decoración, es gesto: una forma de decir que cada persona que pasa deja algo, y que ese algo se queda.
“Queremos construir una relación como la que estamos viviendo: cercana, libre, tranquila”. La idea no es crecer rápido ni multiplicarse sin sentido. No descartan que algún día haya un segundo Convide, quizá más gastronómico, pero no hay prisa. Ahora solo quieren saborear, cucharada a cucharada, esta nueva etapa.
Convide, como su nombre indica, invita: a parar, a conversar, a compartir. A recordar que la calma también puede servirse en plato hondo.







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