A solo unos minutos del centro de Caldas de Reis (Pontevedra), la ruta de las Fervenzas de Segade se ha consolidado como uno de los paseos más emblemáticos del municipio. El recorrido, de unos 3,5 kilómetros de ida y vuelta, sigue el curso del río Umia hasta llegar a una espectacular cascada rodeada de robles, helechos y musgo. De dificultad baja a moderada, puede completarse en aproximadamente una hora, y es accesible tanto para familias como para deportistas y peregrinos que hacen una pausa en su camino hacia Santiago.
Desde temprano, el murmullo del agua acompaña a los primeros caminantes. Vecinos de Caldas aprovechan la tranquilidad de la mañana para hacer ejercicio, respirar aire puro y reconectar con la naturaleza. “Vengo todos los días. La belleza del entorno y el contacto con la naturaleza son mi mayor motivación. Aquí es fácil correr: hay pocos obstáculos y el terreno tiene una calidad excelente y mucha seguridad. Es un lugar que invita a moverse y a desconectar del ritmo del día a día.”, comenta Ricardo Martins, vecino de la Tafona.





Pero la ruta no solo es un espacio para los locales. Cada día, peregrinos del Camino de Santiago se desvían unos metros del trazado principal para descubrir la Fervenza. “Había oído hablar de ella, pero no imaginaba tanta belleza”, confiesa João, un caminante portugués que decidió detenerse unos minutos para refrescarse bajo la sombra de los árboles. “Es un lugar que transmite calma y energía al mismo tiempo.”
El recorrido, perfectamente señalizado, invita a caminar sin prisa. A medida que se avanza, el aire se vuelve más fresco y el sonido del agua más intenso. Los rayos de sol se filtran entre las ramas, creando reflejos dorados sobre el río Umia. Es un espectáculo natural que cambia con las estaciones: en primavera, el verdor es intenso; en otoño, las hojas tiñen el camino de tonos ocres y dorados.
Para los caldenses, este rincón es más que un destino turístico: es parte de su identidad. Además de su belleza natural, la ruta guarda huellas de historia. A orillas del río aún se conservan los restos de antiguos molinos de agua y de una central hidroeléctrica que, a principios del siglo XX, iluminó por primera vez las calles de Caldas de Reis. Hoy, las piedras cubiertas de musgo recuerdan aquel tiempo en que el agua no solo daba vida al paisaje, sino también al progreso.

Según datos del Ayuntamiento, la ruta de las Fervenzas recibe cada año más de 10.000 visitantes, y su popularidad ha crecido un 30% en la última década. El sendero está acondicionado con señalización, áreas de descanso y miradores naturales, lo que permite disfrutar del paisaje sin alterar su equilibrio ecológico.
Al final del recorrido, la Fervenza de Segade se revela en todo su esplendor: el agua se precipita con fuerza entre las rocas, creando una melodía constante que hipnotiza a quien la contempla. En tiempos en que la prisa domina la vida cotidiana, este lugar recuerda que aún existen rincones donde el tiempo se detiene, donde el sonido del agua y el verde del bosque bastan para renovar el alma.






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