El otoño llega despacio, pero deja huellas. Las hojas caen, los días se acortan, el viento trae humedad y, en los espejos, el cabello cuenta la misma historia: mechones que se desprenden con más frecuencia, melenas apagadas, puntas castigadas tras un verano de sol, mar y cloro.

En un pequeño salón de Caldas de Reis, la peluquera María Teresa Rodríguez conoce bien esta rutina. Desde hace 31 años, la tijera, el cepillo y la palabra justa forman parte de su oficio. “La primera frase que escucho en esta época del año siempre es la misma: ‘Se me cae muchísimo el pelo, ¿es normal?’”, relata Tere, como la conocen en la villa.

Sí, es normal. El nombre técnico es caída estacional, el ciclo natural en el que el cabello, igual que los árboles, se desprende para dejar paso al nuevo. La explicación puede ser sencilla, pero la angustia de ver mechones en el peine o en la ducha es real. “La gran diferencia está en distinguir lo que es pasajero de lo que puede ser una señal de alerta”, subraya María Teresa.

El otoño y sus señales

Además de la caída, esta es la época en que el cabello llega al salón más seco, quebradizo y opaco. “El verano lo castiga mucho. El sol, el agua del mar, el cloro de las piscinas… todo eso deja huella, y es en otoño cuando ese desgaste se hace visible”, explica.

A ello se suma la influencia del clima: el viento que rompe y enreda, la humedad que convierte cada mechón en encrespamiento, la falta de sol que roba reflejos. “Por eso decimos que es el momento ideal para cuidar el cabello, casi como quien prepara la piel para el invierno”, añade.

Más que estética

Detrás de cada corte o coloración hay una lógica de prevención. Las hidrataciones profundas, las reconstrucciones capilares y los baños de brillo son los servicios más solicitados en esta etapa, no solo por estética, sino porque devuelven elasticidad, fuerza y luminosidad al cabello dañado.

María Teresa lo explica de forma casi poética:

  • La hidratación es como darle un vaso de agua al cabello.
  • La cauterización es como ponerle un abrigo, protegiéndolo de las agresiones externas.
  • La reconstrucción es como alimentarlo, devolviéndole proteínas cuando está frágil.

El gesto más importante, sin embargo, sigue siendo el corte de puntas. “Mucha gente se resiste, pero no cortar es dejar que el daño avance. Dos centímetros pueden salvar toda la melena”, afirma.

Tendencias y elecciones

Este otoño, los cortes midi siguen en primer plano: long bob, clavicut, flequillos suaves y capas ligeras que aportan movimiento sin complicaciones. En cuanto a los colores, predominan los tonos cálidos —cobres, chocolates y mieles— que reflejan el espíritu de la estación. Técnicas como el balayage suave o el contouring capilar buscan una luz natural, sin contrastes bruscos.

Pero, para María Teresa, las tendencias solo tienen sentido cuando respetan el cabello de cada persona. “No es lo mismo tratar un cabello virgen y fuerte que uno teñido y fino. Cada caso necesita un diagnóstico honesto. El secreto está en personalizar”, asegura.

El cuidado que continúa en casa

En el espejo del salón empieza el proceso, pero es en casa donde se prolonga. Un champú suave, una mascarilla nutritiva semanal, un sérum ligero en las puntas y un protector térmico antes del calor. Pocos productos, pero bien elegidos. “El error más común es el exceso: cuanto más se pone, más pesado queda”, advierte.

En el caso de los cabellos rizados, la hidratación extra y la definición con cremas específicas son indispensables. Los lisos, en cambio, agradecen fórmulas ligeras que mantengan el volumen. En ambos casos, la rutina encuentra aliados discretos: fundas de satén para reducir el frizz y toallas de microfibra para evitar la rotura.

El oficio y la mirada

A lo largo de tres décadas, María Teresa ha visto modas pasar: permanentes, decoloraciones radicales, flequillos que vuelven y se van. Lo que no cambia es la función de quien sostiene las tijeras: escuchar, aconsejar, cuidar. “El cabello habla, solo hay que saber escucharlo”, afirma.

Al final, cada clienta se lleva más que el pelo arreglado: se lleva el alivio de sentirse renovada. Como aquella mujer rubia que llegó desanimada, convencida de que nada podía salvar su melena reseca. Tras un diagnóstico completo, una reconstrucción y un baño de brillo dorado, sonrió frente al espejo y dijo: “Ahora sí vuelvo a reconocerme”.

Es en ese instante, entre mechones cortados y reflejos recuperados, cuando se entiende la verdadera esencia del oficio: devolver confianza a las personas a través del cuidado. Porque cada estación pide un cuerpo atento a los cambios, y el cabello no es la excepción.

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