Los perros entran con paso incierto: algunos tiemblan, otros husmean el aire, unos cuantos mueven la cola como quien presiente un juego. Dentro, les espera un mundo de paciencia y manos suaves. Allí el tiempo no lo dicta el reloj, sino cada respiración peluda, cada mirada que pide calma.
En el baño, el agua resbala como un alivio; en el cepillado, lo que parecía amenaza se convierte en caricia. Y en la cabina de secado, muchos cierran los ojos y se rinden al soplo tibio, como si hubieran encontrado un rincón secreto de confianza.
Al salir, no solo llevan el pelo brillante y la piel cuidada. Salen más ligeros, casi orgullosos, como si comprendieran que también ellos tienen derecho a ser mimados. Y en esa pequeña rutina, lo cotidiano se vuelve extraordinario: un recordatorio silencioso de que los animales también merecen su propio espacio de bienestar.
En Caldas de Reis se creó en 2018 la primera peluquería canina, fruto de la pasión de una mujer cuyo amor por el cuidado animal se transformó en proyecto de vida.

Según cuenta Omara, aunque sus estudios iniciales fueron en estética humana, su verdadera vocación siempre fueron los animales. “Fue mi querido perro Nacho, un pequeño Yorkshire que tristemente ya no está conmigo, quien encendió en mí la chispa de lo que hoy es este centro de estética canina, orientado al bienestar del animal, donde cada perro se siente seguro, arropado y cuidado, como en casa”.
Hoy, tras siete años de crecimiento, asegura que no tiene solo clientes, sino “muchos amigos de cuatro patas que vienen contentos a verme”.
Un oficio discreto, exigente y vital
Detrás de cada corte elegante o baño perfumado hay un trabajo que exige fuerza física, atención constante y, sobre todo, paciencia. En el día a día, los groomers —esos profesionales silenciosos del cuidado canino— manipulan cada parte del cuerpo, detectan heridas, problemas de piel y bultos que en casa muchas veces pasan desapercibidos. “Siempre que encuentro algo fuera de lo común, lo derivo al veterinario para su supervisión”, advierte Omara.
El mundo de la peluquería canina está en constante evolución. Según datos del sector en España, existen más de 12.000 estilistas caninos y alrededor de 10.000 salones para mascotas repartidos por todo el país, y el 85 % de los profesionales son mujeres. También se estima que los servicios de peluquería canina generan unos 250 millones de euros anuales dentro del mercado de servicios para animales de compañía.
Para estar a la altura de las expectativas, Omara sigue formándose: nuevas técnicas de corte, manejo de perros con ansiedad, cosmética dermatológica… Afirma que en su centro todos los servicios incluyen agua ozonizada sin coste adicional, un método complementario que ayuda en casos de alergias o pieles sensibles gracias a sus propiedades antimicrobianas, antiinflamatorias y regenerativas.
El día a día en el centro de estética canina
Los servicios más demandados son los mantenimientos mensuales: baño o baño con arreglo del manto, según cada perro. Omara no realiza cortes sin antes hacer un buen baño, revisar el estado del manto y examinar la piel. En ese proceso siempre incluye corte de uñas, limpieza de oídos y rasurado de zonas higiénicas y plantares, sin coste extra.
Entre los estilos más populares están el “teddy” o “osito”, que deja una expresión dulce y redondeada. También hay demanda del estilo asiático, siempre adaptando el corte al tipo de pelo y a la condición de la piel: “a un Golden Retriever de doble capa nunca se le debería cortar el pelo”, señala. En esos casos, la técnica correcta es un buen baño hidratante y deslanado, respetando el manto protector.
Para muchos perros, la peluquería es motivo de estrés. Por eso en el centro respetan los tiempos: “el tiempo de la sesión lo marca el perro, no el reloj”. Recientemente incorporaron una cabina de secado, una herramienta esencial para reducir el estrés: el aire no es directo, el sonido de los secadores se amortigua, y algunos perros incluso llegan a dormirse durante el proceso.

Cada sesión es personalizada: dos perros de la misma raza no necesariamente pagarán lo mismo, pues cada uno tiene su carácter, miedos y necesidades. “Un perro tranquilo y feliz es siempre mi prioridad, antes que un corte perfecto”, resume Omara.
Más que estética, una cuestión de bienestar
El cuidado regular de la piel y el pelo dejó de ser solo un gesto estético para convertirse en parte de la rutina de salud de los animales. La atención al detalle, el seguimiento de cada caso y la prevención de problemas cutáneos o heridas han convertido la peluquería canina en un ámbito complementario del bienestar animal.






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