El río Bermaña ha sido siempre uno de los hilos que cosen la vida de Caldas de Reis. A su orilla, historias cotidianas se entrelazan con el paso de peregrinos y vecinos, y sus aguas, constantes, recuerdan que el tiempo nunca se detiene. Ese mismo tiempo, sin embargo, había dejado huellas en uno de los rincones más transitados y queridos: la pasarela que une barrios, memorias y caminos.

El deterioro era evidente. La madera gastada, las barandillas cansadas por el uso y los años, pedían a gritos una renovación. “Era una obra muy necesaria —señala el alcalde Jacobo Pérez—. Después del paso del tiempo, el deterioro en el otro puente era más que evidente. El siguiente paso será el cambio de la barandilla de madera, que por ahora se mantiene, pero en breve será sustituida”.

Hoy, la nueva pasarela se presenta como una invitación segura y accesible para todos. El suelo firme, las barandillas sólidas y el entorno cuidado refuerzan la sensación de confianza en cada paso. Pero no es solo una mejora técnica: es también un gesto de respeto hacia uno de los rincones más emblemáticos de Caldas.

El proyecto no se detiene aquí. La sustitución de la barandilla de madera desde la pasarela hasta la zona de A Tafona completará la renovación integral de este espacio. Se trata de un plan que combina seguridad, accesibilidad y belleza urbana, uniendo la funcionalidad con el valor patrimonial y sentimental de la villa.

La imagen de vecinos caminando de nuevo sobre el puente renovado es también símbolo de un propósito más amplio: hacer de Caldas un lugar cada vez más cuidado, más seguro y más bonito para todos. Un compromiso con el presente, pero también con las generaciones que seguirán cruzando el Bermaña, llevando consigo el rumor eterno de sus aguas.

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