Imagen cedida por Antía García (archivo personal)

El nombre de Antía García Silva volvió a brillar con fuerza en el panorama internacional. En el reciente Campeonato de Europa 2025, celebrado en Szczecin (Polonia), la nadadora gallega conquistó cuatro medallas: Oro en el relevo 4×50 metros con tubo, con récord nacional. Plata en los 100 metros con aletas, rebajando su propia marca. Plata en el relevo 4×25 metros remolque de maniquí. Bronce en el relevo 4×50 metros obstáculos.
Un balance que confirma a la deportista de 26 años como una de las grandes referencias del salvamento deportivo europeo y que llena de orgullo a su tierra natal, Caldas de Reis.

De Caldas al mundo

El camino hasta llegar a lo más alto comenzó en la piscina municipal de Caldas, donde Antía descubrió el salvamento casi por casualidad:

“Empecé a practicar salvamento deportivo porque acudía a los cursillos de natación de la escuela que había en Caldas, con mis amigos. De ahí nos dijeron a unos cuantos si queríamos probar en el club de Caldas. Yo iba en 6º de primaria, tendría 11-12 años.”

Aquel inicio inocente la llevó, años después, a proclamarse campeona del mundo en Adelaida 2018, batiendo un récord mundial en los 100 metros remolque de maniquí con aletas. Desde entonces, su nombre está grabado también en la piscina donde todo empezó: la Piscina Municipal Antía García Silva.

El esfuerzo detrás de cada medalla

Sus logros no son fruto del azar, sino de una entrega diaria que combina con estudios y vida personal.

“Compaginar estudios, trabajo y entrenamientos creo que es lo más complicado. A veces los días se hacen demasiado cortos… Hay veces que dudas de por qué haces lo que haces, pero esos días son los que más cuentan.”

Licenciada en Fisioterapia y en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, reconoce que la exigencia del alto nivel no es sencilla:

“Llevo muchos años compaginando el alto nivel con mi vida personal y hay momentos en los que es más o menos complicado, pero por lo general no es fácil. El alto nivel exige mucha dedicación e implicación.”

Orgullo de sus raíces

Antía nunca olvida de dónde viene. Su primer club, el Umia, le abrió las puertas al deporte que hoy la define:

“El Umia es mi club de mis inicios, en donde gracias a él pude conocer el deporte.”

Cada triunfo lo celebra también su comunidad, que ve en ella un ejemplo de constancia y superación.

Más que medallas: valores que inspiran

Para Antía, lo más valioso que le ha dado el salvamento no son solo las medallas, sino las lecciones de vida y las personas que ha conocido en el camino:

“Gratitud, la verdad es que es una pasada. Disfrutar de lo que hago. Los regalos que te hace el deporte no tienen precio: la satisfacción de alcanzar tus metas, persistir en ellas… Y sin contar la cantidad de gente que conoces gracias al deporte, es increíble.”

Convencida de que el deporte es una escuela de vida, añade:

“Lo que aprendes con el deporte se puede extrapolar perfectamente a tu vida personal, además de todos los beneficios fisiológicos que se obtiene practicándolo. Solamente tiene cosas buenas.”

Mirando al futuro e inspirando a otros

El salvamento deportivo está creciendo en Galicia y en España, y Antía quiere ser parte de esa expansión:

“El salvamento deportivo está cada vez en más auge, tanto en Galicia como en España, por lo que espero que cada vez haya más gente que tenga la oportunidad de conocerlo y/o practicarlo.”

La niña que un día se lanzó a la piscina de Caldas es hoy una mujer que inspira a nuevas generaciones con su ejemplo de disciplina, humildad y pasión. Sus medallas no son solo victorias personales: son un mensaje claro para cualquier joven que sueñe con abrirse camino en el deporte — con esfuerzo y corazón, los sueños se hacen realidad.

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